Benjamín Castro Guzmán
Nació en Cd. Obregón Sonora, México, hace mucho tiempo ya. Estudió en la UNISON, donde fue dirigente del movimiento estudiantil, y economía en la UNAM en la CDMX. Fue parte del Buró Latinoamericano de la Executive Intelligence Review (EIR) en Nueva York y Virginia, en diferentes años, donde se dedicó a procesar información sobre la economía y la vida política y social de algunos países. Participó en la representación de teatro de algunos entremeses de Miguel de Cervantes y ha sido aficionado a la literatura y la música clásica desde su juventud.
Como activista político en el Movimiento Larouchista y en MORENA, le tocó hacer actividad política en Saltillo, Coahuila; una ciudad que, debido al TLCAN-T-MEC, se convirtió en un reservorio de mano de obra barata - la más barata del mundo - y donde la movilidad social se detuvo hace ya décadas, condenando a los jóvenes a una vida lineal y sin esperanzas, lo cual es el móvil de estos 3 cuentos.
Debido a ello y gracias a la lectura de cuentos, novelas y ensayos cortos de autores como Stefan Zweig, Dostoievski, Pushkin, Flaubert, Chekhov, Lord Byron, Perci Shelley, Robert Louis Stevenson, James Joyce y Charles Dickens - de Europa - y de autores latinoamericanos como Julio Ramon Ribeyro, Alejo Carpentier, Juan Rulfo y Juan Carlos Onetti; y también por releer a viejos conocidos como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes; es que ha podido ahora escribir estos cuentos y otros, cosa que antes le parecía imposible, porque comprendió que “la literatura es un vehículo o instrumento que puedes usar cuándo quieres transmitir una idea histórica, filosófica, científica o de cualquier orden, incluso de ciencia económica, que es el caso de estos cuentos; pues como lo explica Edgar Alan Poe en su ‘Filosofía de la Composición’, en la literatura la creación no es un acto de ‘inspiración’ o de ‘frenesí intuitivo’, sino uno muy racional donde se parte de una idea y vas inventando cosas para transmitirla y hacerla llegar al corazón y el alma de la gente, cosa que de otra forma no sería posible porque cada idea tiene, más allá de su expresión verbal o escrita, una dimensión emocional, moral y existencial


